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miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL CAMBIO CLIMÁTICO NO HA INCREMENTADO EL NÚMERO DE TEMPESTADES TROPICALES

La mejora en los medios de observación incrementa artificialmente el número de tempestades tropicales registradas

Entre los tópicos manejados por la internacional progre para generar histeria en la población y promover gobiernos totalitarios es un clásico el de un planeta devastado por un creciente número de cada vez más poderosas tempestades de origen tropical. 

La NOAA americana clasifica las mas significativas de estas perturbaciones en  tempestades tropicales y huracanes,  y  dentro de los huracanes, clasificados por intensidad entre 1 y 5, se disntiguen los más intensos entre 3 y 5. La pregunta obvia es si las instituciones especializadas tienen registros científicos que permitan conocer con precisión de la evolución histórica de su número e intensidad de forma  que estas se puedan vincular con el calentamiento global. 

El IPCC se mantiene cauto sobre la evolución del número de perturbaciones tropicales en el pasado ya que considera esa información de “baja confianza” pero afirma que es virtualmente cierto que la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales en el Atlántico norte ha aumentado desde los años setenta. 

En la página de información climatológica de huracanes de la NOAA el gráfico no deja lugar a la duda: el número e intensidad de las perturbaciones tropicales con nombre aumentan desde hace más de 100 años y también desde los años setenta. Esta información no va matizada pero tiene truco.





¿Realmente, antes del advenimiento de los satélites y otros medios, era posible controlar su número? En la página web de la misma organización, NOAA, Historical Changes in Atlantic Hurricane and Tropical Storms, se explica como analizando la base de datos de las tempestades tropicales Atlánticas (HURDAT), se han determinado cuantas tempestades no fueron tenidas en cuenta en el pasado.  (Vecchi and Knutson 2008; Landsea et al 2010; Vecchi and Knutson 2011.; Villarini et al. 2011) 

La conclusión se refleja en el gráfico de abajo. Para entenderlo hay que tener en cuenta que el histograma en sepia valora el número de tempestades de corta duración detectadas. Quiere decir que la mejora en la monitorización de estos fenómenos hace que un número mayor de ellos sea detectado. Es fácil ver que esa mejoría se estabiliza a partir de los años sesenta y setenta, básicamente el comienzo de la observación por satélite. 



El gráfico definitivo es el de abajo. Efectivamente desde los años setenta se incrementa el número. El asunto es que el número de perturbaciones tropicales atlánticas correlaciona con el índice de variabilidad natural, AMO (Atlántic Multidecadal Oscillation) y con el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation). En los peculiares años setenta confluyen los hechos del comienzo de la teledetección meteorológica sistemática y la de un comportamiento de la atmósfera bastante excéntrico, claramente diferenciado del actual. 




En cuanto a los momentos más favorables para su formación, es curioso observar el pico tan apuntado en torno al principio de setiembre (abajo). Aquí la temperatura del agua del mar juega un papel de condición sine qua non, pero el hecho de que la formación no esté más repartida a lo largo de la estación de huracanes puede tener que ver más con el hecho dinámico de que está favorecido por la mayor o menor cizalladura vertical, que a su vez está relacionado con los vientos alisios. Entre agosto y setiembre del Hemisferio Norte se produce de media una relajación de la circulación del este en niveles bajos en la zona de formación preferente, entre los 10 y 20ºN.





Teniendo en cuenta que cuanto mayor es la intensidad de los alisios en la zona de formación preferente de los huracanes, con el reanálisis NCEP/NCAR he comparado su media de setiembre y octubre con el número total de tempestades de la estación. Los valores positivos en la gráfica de los alisios significa menor intensidad y correlacionan positivamente con el número de perturbaciones. La correlación de ambas series de datos desde 1948 es de 0,55, pero mejora claramente hasta 0,64 si la calculamos desde 1965.





En conclusión, y tal como ocurre con otras vicisitudes y episodios meteorológicos y climatológicos, las oscilaciones en las distintas escalas temporales tienen un origen que cabe deducir de la propia variabilidad natural y es difícil vincularlas a la presunta influencia del calentamiento global antropogénico.


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