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jueves, 1 de noviembre de 2018

MENTIRAS, GRANDES MENTIRAS, ESTADÍSTICAS Y CAMBIO CLIMÁTICO


La oportuna puesta en escena de datos tienen como consecuencia final favorecer políticas sociales y económicas totalitarias



La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha ha publicado recientemente, con el pomposo nombre "Estudio sobre efectos constatados y percepción del Cambio Climático", un recopilatorio batiburrillo de datos, opiniones, admoniciones, percepciones subjetivas, predicciones catastrofistas y cuentos de viejas, que se apilan entre gráficos estadísticos y el cultivo del ajo en La Mancha. Se ve que está de moda el caos.




La idea del primer informe se centraba en las proyecciones climáticas y sus impactos, mucho más gratificante dado que hablamos de decenas de años en el futuro. En este segundo informe se lanza a analizar series de datos climáticos de 6 estaciones principales de la Agencia Estatal de Meteorología. Hay que recalcar que las consecuencias de este tipo de estudios puede repercutir drásticamente, a través de medidas políticas, en la vida cotidiana de la gente. 





Yo sobre la problemática del ajo castellano-manchego tengo poco que decir así que pasemos a analizar los gráficos climáticos que, a simple vista, parecen anunciarnos el apocalipsis a corto plazo, si es que no hacemos la transición al paleolítico al que no arrastran las autoridades. Lo primero que hay que decir es que sobre los datos expuestos no hay mucha más información que la de su procedencia. No hay aclaración sobre formas y modos de rellenos de lagunas o de tratamiento de homogeneidad por lo que cabe colegir que son exclusivamente datos en bruto.

La elección de una serie de 36 años tal vez sea por alguna razón. En realidad se tienen datos más o menos continuos desde 1950 y en casos de series largas de más de 100 años, aunque los datos de temperatura sean de calidad más que dudosa. La serie general, supongo que hecha con la media de los 6 observatorios, es la siguiente, con una tendencia indiscutible:

He tomado los datos de Albacete y he reconstruido esos 36 años:



¿Pero que pasaría si escarbamos en el pasado en los 36 años anteriores 1945-1980?
Efectivamente: enfriamiento global.



Sobre los 6 observatorios se podrían decir muchas cosas pero me ha llamado especialmente la atención los datos de Guadalajara. Son problemáticos porque los datos se apoyan en la serie de Serranillos (desde 1986) que está en las afueras, con datos anteriores del centro de la ciudad y los últimos años de un observatorio con fuerte influencia urbana de cemento y asfaltos como se ve:



Ignoro repito si los datos de la publicación han "sufrido" algún tratamiento pero yo lo he recompuesto con los disponibles de 4 localizaciones: Instituto, Serranillos, Los Guindos y Observatorio actual. Aún así hay lagunas en el 1991, 1992 y 2004. Hay un año de solape, el 2012, entre Serranillos y Observatorio con una diferencia de 1ºC entre ellos, prueba de la isla térmica urbana. La señal en gris de la observación de los últimos años allí es incontrovertible. El resto de la serie apenas tiene un marginal ascenso de temperaturas.







La precipitación es la gran incógnita del cambio climático en España. Se supone que la tendencia a largo plazo debería ser ya hace años negativa pero con los datos de series largas se demuestra que la variación no es significativa estadísticamente. El estudio pasa un poco por encima de esta circunstancia e intenta resolver y confundir con un truco demasiado fácil de desenmascarar. Calcula la media de las primeras 3 decadas y el resultado es claramente ascendente porque este siglo está siendo lluvioso y lo mezcla con la media de los 6 años (no son 10) que agrupan algunos años secos.





El resultado del truco es evidente: la apariencia es que se está produciendo una disminución de la tendencia de la precipitación. Francamente impresentable.


En realidad esto pasa con cualquier variable relacionada con el Clima. Si comparamos los últimos años con los años setenta del pasado siglo se pueden ver cambios drásticos. Dado que de los estudios paleoclimáticos  se puede deducir la enorme variabilidad natural del Clima, cualquier fenómeno presente se puede encontrar en el pasado, desmontando la argucia que se nos presenta de hacer creer que el Clima era constante y equilibrado hasta la llegada del "capitalismo heteropatriarcal".

miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL CAMBIO CLIMÁTICO NO HA INCREMENTADO EL NÚMERO DE TEMPESTADES TROPICALES

La mejora en los medios de observación incrementa artificialmente el número de tempestades tropicales registradas

Entre los tópicos manejados por la internacional progre para generar histeria en la población y promover gobiernos totalitarios es un clásico el de un planeta devastado por un creciente número de cada vez más poderosas tempestades de origen tropical. 

La NOAA americana clasifica las mas significativas de estas perturbaciones en  tempestades tropicales y huracanes,  y  dentro de los huracanes, clasificados por intensidad entre 1 y 5, se disntiguen los más intensos entre 3 y 5. La pregunta obvia es si las instituciones especializadas tienen registros científicos que permitan conocer con precisión de la evolución histórica de su número e intensidad de forma  que estas se puedan vincular con el calentamiento global. 

El IPCC se mantiene cauto sobre la evolución del número de perturbaciones tropicales en el pasado ya que considera esa información de “baja confianza” pero afirma que es virtualmente cierto que la frecuencia e intensidad de los ciclones tropicales en el Atlántico norte ha aumentado desde los años setenta. 

En la página de información climatológica de huracanes de la NOAA el gráfico no deja lugar a la duda: el número e intensidad de las perturbaciones tropicales con nombre aumentan desde hace más de 100 años y también desde los años setenta. Esta información no va matizada pero tiene truco.





¿Realmente, antes del advenimiento de los satélites y otros medios, era posible controlar su número? En la página web de la misma organización, NOAA, Historical Changes in Atlantic Hurricane and Tropical Storms, se explica como analizando la base de datos de las tempestades tropicales Atlánticas (HURDAT), se han determinado cuantas tempestades no fueron tenidas en cuenta en el pasado.  (Vecchi and Knutson 2008; Landsea et al 2010; Vecchi and Knutson 2011.; Villarini et al. 2011) 

La conclusión se refleja en el gráfico de abajo. Para entenderlo hay que tener en cuenta que el histograma en sepia valora el número de tempestades de corta duración detectadas. Quiere decir que la mejora en la monitorización de estos fenómenos hace que un número mayor de ellos sea detectado. Es fácil ver que esa mejoría se estabiliza a partir de los años sesenta y setenta, básicamente el comienzo de la observación por satélite. 



El gráfico definitivo es el de abajo. Efectivamente desde los años setenta se incrementa el número. El asunto es que el número de perturbaciones tropicales atlánticas correlaciona con el índice de variabilidad natural, AMO (Atlántic Multidecadal Oscillation) y con el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation). En los peculiares años setenta confluyen los hechos del comienzo de la teledetección meteorológica sistemática y la de un comportamiento de la atmósfera bastante excéntrico, claramente diferenciado del actual. 




En cuanto a los momentos más favorables para su formación, es curioso observar el pico tan apuntado en torno al principio de setiembre (abajo). Aquí la temperatura del agua del mar juega un papel de condición sine qua non, pero el hecho de que la formación no esté más repartida a lo largo de la estación de huracanes puede tener que ver más con el hecho dinámico de que está favorecido por la mayor o menor cizalladura vertical, que a su vez está relacionado con los vientos alisios. Entre agosto y setiembre del Hemisferio Norte se produce de media una relajación de la circulación del este en niveles bajos en la zona de formación preferente, entre los 10 y 20ºN.





Teniendo en cuenta que cuanto mayor es la intensidad de los alisios en la zona de formación preferente de los huracanes, con el reanálisis NCEP/NCAR he comparado su media de setiembre y octubre con el número total de tempestades de la estación. Los valores positivos en la gráfica de los alisios significa menor intensidad y correlacionan positivamente con el número de perturbaciones. La correlación de ambas series de datos desde 1948 es de 0,55, pero mejora claramente hasta 0,64 si la calculamos desde 1965.





En conclusión, y tal como ocurre con otras vicisitudes y episodios meteorológicos y climatológicos, las oscilaciones en las distintas escalas temporales tienen un origen que cabe deducir de la propia variabilidad natural y es difícil vincularlas a la presunta influencia del calentamiento global antropogénico.


viernes, 31 de agosto de 2018

¿OTOÑO DEL 2018 HÚMEDO EN ESPAÑA?


Los distintos modelos apuntan, como algo más probable, a un otoño húmedo y normal en temperaturas


Como es habitual antes del comienzo de una estación se generan las distintas predicciones estacionales, de las que siempre hay que repetir que son meramente más un juego experimental que productos de calidad contrastada. Para los otoños (setiembre-octubre-noviembre), al menos para nuestro país, la variable más importante es el de la precipitación que pone punto final a la natural sequía veraniega.

Este año, con las habituales y a veces contradictorias diferencias entre todos, parece imperar en las salidas de los distintos modelos la sensación de una mayor probabilidad de precipitaciones por encima de la media en las cuencas atlánticas españolas. Empezando por la NOAA americana donde la trama verdosa representa (en mm/día) el superávit de precipitaciones. Parece esperarse mayor inestabilidad (paso de borrascas por latitudes mediterráneas) al sur de Europa. Es coherente que en estas circunstancias las temperaturas media sean superiores a la media debido a la  influencia de la mínimas, mucho más altas cuando hay nubosidad. 



El otro gran centro mundial de predicción, el Centro Europeo, va en la misma dirección, con mayor probabilidad de un otoño húmedo seguramente en las cuencas atlánticas. Las predicciones para nuestra zona mediterránea son mucho más difíciles porque la precipitación allí se debe en gran medida a bajas descolgadas y aisladas, muy impredecibles.



Curiosamente el MetOffice británico señala la anomalía en la costa mediterránea. En cualquier caso la conclusión sinóptica es parecida: mayor recorrido de lo habitual de las borrascas al sur de Europa.



En cuanto a la temperatura, el Centro Europeo espera temperaturas normales o incluso por debajo de lo normal en el suroeste, mientras que el MetOffice las espera por encima de lo normal en general.




El IRI (International Research Institute for Climate and Society) instituto dependiente de la NOAA y de la Universidad de Columbia, usa un multimodelo probabilista que se apoya entre otros en el de la NOAA por lo que sus resultados tendrán el peso correspondiente del modelo comentado arriba. Insiste en lo mismo: algo de mayor probabilidad de precipitación en la Península. La gran diferencia en cuanto a Europa es que no espera la anomalía cálida que proyecta la predicción de la NOAA. 









En conclusión, el pronóstico para el otoño apunta a una circulación del oeste más baja en latitud. Esta situación suele deparar en los otoños de nuestro país condiciones ideales para la agricultura, la ganadería y el medio natural, y desde luego para la recuperación de las reservas hídricas. 

Además de los cambios propiamente estacionales, el siguiente gran culpable de la variabilidad natural en esa escala es el fenómeno ENSO (El Niño Southern Oscillation). Se lleva pronosticando ya hace meses la irrupción durante este otoño de un episodio moderado de El Niño, parte cálida de la oscilación que suele favorecer temperaturas más altas oceánicas y que parece incrementar la precipitación otoñal en nuestras latitudes. No obstante, se está haciendo esperar y los modelos (como este de la NOAA abajo) han tenido que retrasar su prevista entrada. En cualquier caso ya se verá...




jueves, 16 de agosto de 2018

MENOS MUERTES EN VERANO QUE EN INVIERNO


Solo una burda manipulación de los datos permite mantener la idea del efecto mortal de las temperaturas más altas


En verano el tema recurrente, y además tratado de forma claramente alarmista por los medios, es el de la incidencia del calentamiento global en la mortalidad. Se aprovecha la mayor o menor frecuencia de las olas de calor, por otra parte normales en nuestras latitudes, para generar la impresión de un aumento de las muertes por efecto del calor. Los datos reales nos informan de otra cosa, en este caso absolutamente contraria.
     





















Utilizando los datos oficiales de fallecimientos en España del Instituto Nacional de Estadística, he representado la gráfica comparativa de los meses de verano y de invierno desde 1975. He añadido en los últimos  años el carácter frío o cálido de cada estación según los ha clasificado AEMET. La tendencia al aumento de las defunciones en ambas estaciones es lógica y se basa en el hecho evidente de la mayor población y su propio envejecimiento. Por otro lado hay claramente mayor mortalidad en invierno que en verano.
   




La gráfica del verano tiene menos variabilidad probablemente porque el comportamiento de la meteorología es más regular que la del invierno. En cuanto al verano lo primero que salta a la vista es el pico del 2003,  provocada por las agobiantes temperaturas de ese año. Dentro de la tendencia general y siempre con número inferior al invierno se destacan los últimos dos años 2017 y 2016 pero no parecen incidir demasiado en la tendencia general.

En cuanto al invierno es mucho más distinguible el efecto de los años fríos sobre el de los años no fríos. La única curiosa disfunción es la del último invierno (2018) que fue clasificado como "NORMAL" por AEMET, pero que presenta datos de defunción de años fríos o muy fríos. Una explicación puede ser que tienen más incidencia los episodios que las propias medias estacionales. También es posible que muestren fallos en la propia observación. En fín.....


En cualquier caso si representamos las diferencia entre las defunciones de invierno y las de verano es fácil ver que aumenta en la serie, lo que desmonta toda interpretación catastrofista asociada al aumento de las temperaturas. La conclusión más correcta es que un clima global más cálido es más favorable para la actividad y vida humanas. La Historia es también testigo de ello.


miércoles, 25 de julio de 2018

BLOQUEOS, MENTIRAS CLIMÁTICAS Y CONSIGNAS TELEVISIVAS


Según el IPCC no está demostrado que el calentamiento global sea la causa de las situaciones de bloqueo anticiclónico



La persistencia de una situación de estabilidad sobre el norte y noroeste de Europa ha llevado a las habituales y precipitadas  atribuciones al famoso calentamiento global.  Pero todo esto no es casual sino que se basa en una estrategia alarmista que sospechosamente enlaza con intereses político-económicos. 

En las informaciones habituales sobre el tiempo en las televisiones se está convirtiendo en costumbre una de las estrategias del mundialismo para generar miedo e incertidumbre en la población. Simplemente consiste en ligar cualquier fenómeno meteorológico adverso a los efectos del cambio climático. Además se intenta transmitir al lego la falsa idea de que la Ciencia conoce a la perfección el comportamiento del Clima y además es capaz de predecirlo a decenas de años vista.

Este es el caso de las continuas referencias de rtve a la situación de buen tiempo persistente en el norte y noroeste de Europa. Se afirma categóricamente que era de esperar conforme a los pronósticos del IPCC. 













La osadía en afirmar cosas, en realidad consignas como ésta, consiste en suponer en que nadie se va a  atrever a rebatir la afirmación, o simplemente nadie se va a documentar suficientemente para hacerlo. Vayamos a la fuente: el más reciente quinto informe del IPCC. En su capítulo 14 del informe técnico, Climate Phenoma and their relevance for future regional climate change, se afirma aunque con no demasiada confianza que la situaciones de bloqueo no deben aumentar con el calentamiento global. En realidad lo de la medium confidence nos da una referencia del gran desconocimiento que se tiene del Sistema Climático.


Se suele acusar a los excépticos del cambio climático, otra consigna, de estar apoyados económicamente por los grandes intereses económicos del Big Oil. Pero parece que el big money hoy en día se mueve en otros ambientes. Según el Periódico de la Energía, una de las causas de la reciente subida del precio de la luz en España se debe a las políticas energéticas europeas y al llamado comercio del carbono. 

 Como se ve en el gráfico el precio se ha disparado un 70%  lod últimos 3 meses,  y se esperan nuevas subidas. ¿Pero que es eso del precio del CO2? Es consecuencia de las estúpidas políticas energéticas basadas en el cuentochollo del cambio climático, que empezó con la firma en años 90 del Protocolo de Kyoto por parte de la ministra Tocino. Las empresas deben comerciar sus excesos de consumo energético pagando un precio por las emisiones. El aumento de los costes se traslada a los precios del mercado eléctrico.




Esta basado en la Directiva 2003/87/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, de 13 de octubre de 2003, por la que se establece un Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea de gases de efecto invernadero Las directivas suponen un imposición para alcanzar determinados objetivos pero deja a cada país que elija la forma.

La Unión Europea es el único grupo de países desarrollados que se mantiene con el compromiso del Protocolo de Kyoto que acabará en su actual fase en 2020. No obstante, Estados Únidos, Canadá y Rusia no respaldaron la prórroga, básicamente porque importantísimos países contaminantes como China y la India no están obligados a reducciones. La conclusión es que uno de los países más atrasado de una zona rica como es la europea mantiene un esfuerzo inútil en mantener políticas de países ricos. El precio es el desmantelamiento industrial y las penalidades de los ciudadanos para pagar su consumo de electricidad. Para mantener esta farsa se necesita un formidable y continuo bombardeo manipulativo mediático.



martes, 17 de julio de 2018

¡DESAPARECEN LOS HIELOS POLARES!...!aaaah pues no!

Este verano el volumen de hielo ártico está en máximos del siglo



Según el servicio meteorológico danés, Danish Meteorological Institute, desde éste último invierno ha aumentado considerablemente el volumen total de hielo ártico en comparación con años anteriores, y en coincidencia con una disminución de las temperaturas globales tras el final del episodio fuerte de El Niño 2015/16 y, en general, un claro descenso de las temperaturas oceánicas mundiales. La recuperación fue muy ostensible como se ve a partir del mes de marzo. Hay datos de satélite desde 2003 y la institución recuerda la dificultad de hacer los cálculos con respecto al espesor del hielo. 






Como ha ocurrido en lo que llevamos de siglo XXI, las temperaturas árticas han tenido anomalías positivas durante el pleno invierno, acercándose a valores normales en la primavera y anomalías negativas en el tiempo de deshielo veraniego (Datos desde 1958). La figura de abajo se refiere a la cúpula polar entre 80 y 90ºN. Las bajas temperaturas de verano favorecen la conservación del hielo en su parte central. 



                                    FUENTE:   http://ocean.dmi.dk/arctic/meant80n.uk.php

Otra circunstancia curiosa, aunque demostrativa seguramente de la variabilidad climática natural, es la enorme anomalía positiva de acumulación de hielo en la isla de Groenlandia, en la que apenas ha comenzado su fase anual de disminución de hielo que suele ser a mediados de junio.





En conclusión, con los datos del DMI he reconstruido el día a día del volumen de hielo ártico desde 2005. Hay datos como he dicho desde 2003. Para mayor claridad he quitado 2003 y 2004 que a fecha de hoy estaban por encima. 2018 a 16 de julio tiene el cuarto mayor volumen de hielo desde ese 2003.





 Y comparando la temperatura de la superficie del mar, que representa el 70% del planeta, entre este 2018 y el 2016 es fácil observar la diferencia, con valores más bajos este año especialmente si tenemos en cuenta que, aunque no se aprecia en la proyección, las zonas intertropicales abarcan la mitad de la superficie y están ocupadas básicamente por océanos. 


En cuanto al Antártico, este año la recuperación del hielo con respecto a los dos años anteriores se hace evidente en la medida de la extensión del hielo (más del 15% de la superficie cubierta):


FUENTE: NSIDC

Los datos relacionados con variables climáticas medibles en zonas remotas, como es el caso, tienen la peculiaridad de ser series muy cortas. La observación sistemática por satélite comenzó prácticamente con la década de los ochenta del pasado siglo de forma que muchas referencias del presente se hace con un período frío a nivel mundial como fueron los años setenta. Esto es evidente en el caso de las zonas árticas. En un estudio de reconstrucción de las series de temperatura y presión árticas,  Variability and Trends of Air Temperature and Pressure in the Maritime Artic, 1875-2000 de Polyakov et al. 2003, se llegó a la conclusión de que la temperatura de la superficie del mar en el Ártico fueron entre los años 30 y los 50 del pasado siglo comparables al menos a la de los años noventa. 


Y en cuanto a fechas más lejanas, los temidos y odiados por los activistas climáticos estudios paleoclimatológicos llevan también a curiosas conclusiones. Dejo aquí el gráfico resumen de las conclusiones de Stein et al. 2017 sobre la evolución del hielo en zonas del Ártico. Según este estudio, a pesar de la disminución reciente seguimos en máximos de los últimos 10.000 años, además de intuirse una gran variabilidad. Pero todo esto sólo se lo contamos aquí.










martes, 26 de junio de 2018

LA PRIMAVERA RENIEGA DEL CAMBIO CLIMÁTICO


Lluvias y temperies primaverales de récord acallan las voces de los creyentes del cambio climático



Aunque difundiéndose con la boca pequeña se van conociendo los detalles y datos sobre la extraordinaria primavera meteorológica (marzo, abril y mayo) que acabó. Además de ser la más lluviosa desde que se compone una media general para España (1965), basta una simple mirada al mapa elaborado por AEMET del porcentaje de precipitación sobre lo normal (el treintenio 1981-2010) para ser consciente de su excepcionalidad. Se ha llegado a acumular hasta más de tres veces la precipitación media de esta estación que, salvo en zonas del Mediterráneo y Canarias, ha sido muy generosa. Además el mapa nos informa sobre el camino preferido por las borrascas: el suroeste. 




La precipitación media de España se elabora con una serie de estaciones que abarcan razonablemente el territorio, con datos desde 1965. Debido a lagunas en la observación es dudoso componerlo para años anteriores aunque hay datos centenarios de estaciones puntuales como veremos luego. 

A la vista del histograma general cabe destacar, entre una gran variabilidad, las lluvias abundantes de los años sesenta, la disminución en los ochenta y noventa, y la recuperación en este siglo con cinco años de los ocho más lluviosos de la serie de 54 años, aunque con gran variabilidad. Para recordar lo débil que es la memoria climatológica, nuestra percepción de primaveras más secas recientes está matizada por el hecho de que de las últimas 6, 3 han sido muy lluviosas (Una la primera y otra la tercera de la serie) y otras tres muy secas. 




En cuanto a los récords batidos la lista es muy larga. En cuanto a la precipitación primaveral destaca el récord pulverizado de Madrid/Retiro, observatorio con datos más que centenarios, de casi 300 l/m2 (falta el año 1939). Como se ve en la serie, además de la reseñada alta variabilidad, la tendencia (no significativa estadísticamente) es ascendente. Otros récords batidos de series, no tan largas, de observatorios principales son: Soria (datos desde 1944) y Rota (desde 1958).




No obstante, ha sido la precipitación en marzo la que ha llevado el peso de toda la primavera en lo que a precipitación se refiere. En el Retiro en concreto la precipitación de marzo fue excepcional dentro de los 119 años de observación. La he representado en la gráfica de abajo junto a la media móvil de 11 años. 

En ella, lo más notable desde el punto de vista meteorológico es el descenso pronunciado de la precipitación en los años ochenta y noventa del pasado siglo y la posterior recuperación. No obstante la tendencia es, aunque no significativa estadísticamente, a descender. En conclusión las tendencias de la precipitación en primavera históricamente están marcadas por las de marzo, compensándose con las de abril y mayo: sin tendencia significativa aunque con matices locales.



En cuanto a efémerides de precipitación en marzo, días de lluvia en primavera y días de lluvia en marzo e incluso de días de nieve en primavera (Guadalajara, Segovia y Soria) son innúmeras por lo que necesitaría otro artículo para explicarlas todas.

Como adelanté antes, la explicación sinóptica del comportamiento primaveral es la de mayor frecuencia de paso de borrascas al sur, con el anticiclón de Azores más potente pero más retirado hacia el este, y la baja del Atlántico norte acercándose más a la península.



Y ¿Qué nos dicen los modelos climáticos acerca de la primavera en la península? La tendencia de estos últimos 100 años debería haber sido hacia un descenso de precipitaciones en coherencia con la teoría del calentamiento global que implica un ascenso en latitud de las perturbaciones primaverales. En conclusión: la realidad contradice a los modelos climáticos, uno de cuyos pesimistas productos pongo aquí abajo.