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sábado, 29 de abril de 2017

EL GLACIARISMO EN ESPAÑA OSCILA AL RITMO DE LA VARIABILIDAD NATURAL

El estudio del hielo permanente de los Picos de Europa demuestra que en 12.000 años sólo hubo glaciares durante la Pequeña Edad de Hielo




Foto de portada del libro "Cuevas heladas en el Parque Nacional Picos
de Europa fronteras subterráneas del hielo en el Macizo Central" de 
Manuel Gómez Lende

     En el libro, "La Pequeña Edad de Hielo en los Picos de Europa" (González Trueba, JJ 2007c), se estudian los fenómenos glaciares asociados a ese período, entre el siglo XIV y el XIX, de clima frío que ya he comentado profusamente en otros artículos. El trabajo parte del análisis de las huellas morfológicas glaciares y los restos de hielo relicto conservado, así como de las fuentes históricas. 


    Esas huellas se han podido localizar con su base entre los 2.250 y los 2.350 metros. Ese glaciarismo fue de carácter marginal y condicionado por factores de localización. El proceso de deshielo sufrido desde el final de la Pequeña Edad de hielo, a mediados del siglo XIX ha provocado la desaparición total de algunos glaciares y la transformación en heleros y neveros del resto. 
    Las primeras noticias de la existencia de glaciarismo en los Picos de Europa provienen de los viajeros y geógrafos del siglo XIX que comenzaron a explorar los macizos reseñados, como Casiano del Prado en 1860, y Saint Saud y Penck a caballo del cambio de siglo, culminado con un estudio clásico de glaciarismo cuaternario de Obermaier. En la segunda mitad del siglo XX y principio del XXI ha habido aportaciones nuevas, enlazando además con el máximo glaciar.


    La constatación de la existencia de heleros y neveros permanentes por encima de los 2.300 metros han corroborado el hecho de que esas montañas se encuentran en un punto cercano al límite de la glaciación, como parece ser que ocurrió durante la Pequeña Edad de Hielo. Justo en la transición entre esa fase fría climática y el presente período cálido, en 1856, Casiano del Prado observó en una de sus ascensiones veraniega una masa de hielo al norte de la Torre de Llambrión, al que consideró un glaciar.  

     A finales del XIX, el conde de Saint Saud y Penck reconocen el macizo y encuentra pequeños glaciares en los macizos central y occidental, apreciando la existencia de grietas. Pero casi dos décadas después del trabajo de Penck (1897), en 1914, Hugo Obermaier de la Universidad de Viena realiza el primer estudio sobre el glaciarismo cuaternario de los Picos de Europa. Curiosamente, pese a ser alumno del primero, niega el testimonio histórico de Casiano de Prado y Saint Saud de que existan glaciares en el macizo. Es muy probable que en esos 20 años los pequeños glaciares hubieran sufrido un brusco retroceso por el calentamiento que tuvo lugar durante esos años, una vez finalizada propiamente la Pequeña Edad de Hielo

    También Pidal y Zabala en 1918 hablan de amplios neveros y ventisqueros bajo la pared norte de las Torres de Cerredo y del Llambrión. Entre 2001 y 2003  reconocimientos de campo han permitido constatar la existencia de restos de hielo y huellas morfológicas de origen glaciar de acumulación y de erosión asociadas a un período de avance muy reciente, atribuible al enfriamiento de la Pequeña Edad de Hielo. En 6 sectores se han encontrado esas huellas. Tanto en este caso como el de los Pirineos y otras zonas marginales europeas existen evidencias morfológicas de que esos glaciares corresponden a la Pequeña Edad de Hielo y no a un período anterior "de forma que tras el último avance Tardiglaciar, durante buena parte del Holoceno dichos sectores permanecieron deglaciados". La comprobación de que son recientes se afirma por la escasa erosión de las formas.





"La presencia de clastos y bloques afacetados evidencian el transporte subglaciar asociado a esa removilización de los conos de derrubios. Esto nos lleva a considerar que entre el Tardiglaciar y la Pequeña Edad de Hielo, a lo largo del Holoceno, hubo un período de tiempo durante el cual los circos permanecieron deglaciados, lo suficientemente largo como para permitir la construcción de dichos conos de derrubios"

    El máximo enfriamiento de ese período se alcanza en la primera mitad del siglo XIX, comenzando en ese momento el presente período cálido. Así, el testimonio de Casiano de Prado en 1856 sobre unos glaciares con sus frentes morrénicos coincide prácticamente con el momento de máximo expansión glaciar, seguramente desde el fin de la anterior Edad de Hielo, unos 12.000 años. Los testimonios de Saud y Penck, de finales del siglo XIX, se referían a unos glaciares ya en franco retroceso, y los posteriores de principio del XX ya su actividad se puede considerar desaparecida. En la actualidad sólo quedan heleros residuales carentes de dinámica.

    Otra manifestación de clima frío en los Picos de Europa son las llamadas cuevas de hielo, cavidades propias de la naturaleza kárstica alojadas en zonas de altitud de los mismos donde se mantiene de forma permanente importantes volúmenes de agua congelada. Registros isotópicos y polínicos en sus estratos se utilizan para reconstruir su paleoambiente reciente, ocasión difícil de igualar por las raras circunstancias que confluyen en este caso. Las edades datadas también en este caso hacen remontar la existencia de sus hielos subterráneos hasta los inicios de la Pequeña Edad de Hielo y en algún caso a un período inmediatamente previo a la misma.




     Las muestras que se han podido datar con el método del carbono 14 han dado resultados que se remontan su formación más antigua al comienzo de la Pequeña Edad de Hielo en el siglo XIV, mientras que en otros casos se ha podido constatar desde el siglo XVII. Esta datación está en pefecta consonancia con la evolución de los hielos glaciares de esa zona. En conclusión, como ocurre en otros casos, la paleoclimatología no parece alumbrar que, por comparación, el período cálido actual sea especialmente anómalo. En realidad todo apunta a que éste comenzó a mediados del siglo XIX cuando aún no se podía acusar a la contaminación humana de esa transición.


FUENTES

"Cuevas heladas en el Parque Nacional Picos de Europa fronteras subterráneas del hielo en el Macizo Central" de Manuel Gómez Lende
"La Pequeña Edad de Hielo en los Picos de Europa" (González Trueba, JJ 2007c)



domingo, 16 de abril de 2017

LA DIFICULTAD DE LOS PRONÓSTICOS CLIMÁTICOS: EL NIÑO COMO EJEMPLO

El comportamiento extravagante de la Oscilación del Sur nos informa de la dificultad de los pronósticos climáticos


     Tras el en realidad no muy sorprendente El Niño costero invernal que ha producido inundaciones inesperadas en Perú, las temperaturas en la costa de ese país vuelven a su ser y hay cierta estupefacción entre los expertos. La causa de todo esto es que tras tres décadas de monitorización y estudio, y tras pensar que algo se sabía sobre el fenómeno, éste no deja de dar lugar a nuevos patrones novedosos.


El Niño costero en marzo y su comparación con la climatología


     De todos los episodios de El Niño que se han monitorizado desde los años 50 (aunque ha sido más exhaustiva desde los 80), tras uno intenso, como ha sido el caso de hace un año, se produce por lo general otro La Niña que además suele ser también intenso. Convencionalmente y por sus efectos en el clima global la variable medida es la temperatura del océano Pacífico ecuatorial central, no la costera del Perú. Pues bien, tras unos meses del año pasado caracterizado por La Niña débil, se ha pasado a un episodio neutral.





     Otra situación chocante es que normalmente los episodios El Niño estaban asociados a persistentes precipitaciones en California mientra ocurría lo contrario en los La Niña. Precisamente la situación esta vez ha sido inversa: persistente y drástica sequía con El Niño y record de precipitaciones en el corto intervalo de La Niña. Desmoralizante para los predictores estacionales.






     Y ahora viene el mayor dilema. ¿Cuál será la evolución de la presente situación neutral?. Muchos de los modelos que se usa para predecir el desarrollo de ese fenómeno predicen un El Niño dentro de unos meses pero los predictores desconfían porque las presentes condiciones en el Pacífico tropical no muestran todos los elementos que se suponen llevan a uno. Además pesa el hecho de que sólo una vez desde los años cincuenta ha habido una secuencia en tres años El Niño-La Niña-El Niño en 1963/1966.



    El reparto de probabilidades de los modelos entre los distintos escenarios en el tiempo es como sigue (figura de abajo). 
Hay dos tipos de modelos, los basado en la dinámica y los estadísticos. Los dinámicos pueden estar influidos por el ya agonizante episodio de El Niño costero por lo que los predictores han de descontar ese hecho que los propios modelos son incapaces de sopesar. Los estadísticos, que se basan en la experiencia de monitorización acumulada, ofrecen valores más bajos. Sólo la mitad de estos predicen un El Niño.


 
 






     De forma que la predicción final para el fenómeno y elaborada por profesionales expertos es que aunque la mayor probabilidad sea la de un El Niño, las probabilidades de que prosiga un Neutral son también importantes. Lejos queda la posibilidad de un La Niña, algo más de un 10%, pero desde luego no se puede descartar. 





    Curándose en salud, los expertos advierten que el período primaveral es en el que menos habilidad tienen los modelos para predecir el ENSO. Teniendo en cuenta además las paradójicas condiciones entre las relativamente frías temperaturas del Pacífico occidental ecuatorial y las más cálidas orientales el pronóstico se presenta incierto.

domingo, 2 de abril de 2017

NUNCA HUBO MÁS HIELO EN 100.000 AÑOS


Del cero al infinito: pocas coincidencias y mucha controversia en la evolución del hielo ártico



     Los estudios paleoclimatológicos que indagan en los climas prehistóricos suelen presentar resultados francamente disonantes con la línea oficial que insiste en un mundo pasado prístino y de clima invariable hasta que fue hollado y desnaturalizado por el maldito heteropatriarcadocapitalista.
 
     Estábamos acostumbrándonos a ver gráficas como la de abajo. Muestra la evolución de la extensión del mar helado en el Ártico en agosto desde el siglo VI, nada menos. En esa época nos visitaban, para quedarse, los visigodos seguramente huyendo del frío. En rojo, valores observados y en azul reconstruídos: nueva comparación de peras con manzanas que se consiente por ir en la línea progre; en parvulitos hubieran suspendido.
 
     El gráfico es de un estudio del chileno Christophe Kinnard y fue publicado en Nature en 2011. Esa constancia de una variable al fin y al cabo meteorológcia es absurda y demuestra hasta donde se puede deformar la realidad científica.





     Pues bien, en una reciente publicación (Stein et al. 2017) se han estudiado biomarcadores extraídos en registros sedimentarios  de los mares de Chukchi de Siberia Oriental. Por cierto, este invierno una flotilla de rompehielos de Putin quedó varada este invierno en esa zona. Esos biomarcadores están relacionados directamente con la extensión de mar cubierto por el hielo y señalan los posibles procesos que controlan los presentes y pasados cambios del hielo marino. Se remonta a hace unos 12.000 años cuando acabó la glaciación, período denominado Holoceno.
 
Sus conclusiones son (figura de abajo):
  • El mínimo en la extensión de hielo en esa zona se produjo al principio del Holoceno
  • Gran variabilidad de corto plazo durante la mitad del Holoceno
  • Significativo incremento del hielo en los últimos 4.500 años
     Estas circunstancias son extensible al resto de las zonas del Ártico. Los factores principales que controlan esos cambios pueden ser la disminución de largo plazo (por cambios orbitales) en la insolación de verano y tal vez en cambios en los flujos de agua y calor que entra desde el Pacífico. La variabilidad de corto plazo en la mitad del registro (rápidos cambios hacia arriba y abajo) está probablemente relacionada con el forzamiento solar, circunstancia que, por cierto, se repite en muchos registros paleoclimatológicos. 
 
Seasonal quiere decir que hay hielo estacionalmente (no hay en verano), perennial, todo el año, y reduced, no hay en verano y en meses cercanos al verano.

 
 
     Hay otros estudios que utilizando datos de observaciones documentadas históricas como la de los hielos que frecuentan las costas de Islandia que también muestran importantes variaciones en el tiempo, insistiendo en la misma circunstancia.
 
     Basándose en un trabajo de Koch en 1945 sobre las observaciones históricas de hielo en Islandia, Lassen y Thejll con su estudio "Multi-decadal variation of the East Greenland Sea-Ice Extent: AD 1500-2000" reconstruyen la evolución durante estos siglos del hielo en esa zona ártica, relacionándola además con una posible influencia de la actividad solar.
 
     En sus gráficos son fácilmente reconocibles los clásicos períodos cálidos o fríos como el período cálido medieval y la pequeña edad de hielo.
 
 
 
     En conclusión, todo esto no tiene nada que ver con un clima inmutable que no existe más que en las ilusiones sicotrópicas del adanismo progre. Si tenemos en cuenta que el Holoceno es el actual período interglacial y el previo a la última glaciación ocurrió hace unos 100.000 años, parece aventurado considerar la situación actual como alarmante.

viernes, 17 de marzo de 2017

EL NIÑO 2016 COLETEA TODAVÍA

El fenómeno de El Niño sorpresivamente parece revivir aunque como siempre con matices




     Trás producirse hace un año uno de los El Niño mas potentes de los tiempos modernos, el fenómeno pareció seguir su curso convencional entrando en el otoño de 2016 como un La Niña. Este último es la imagen especular del anterior. Simplificando mucho consiste en un afloramiento de agua fría en la zona ecuatorial del océano Pacífico. Pero como dicen los expertos cada episodio de El Niño es distinto en alguna o algunas de sus manifestaciones y este no ha querido ser menos. De forma que un nuevo afloramiento cálido en la reseca costa del Perú ha generado muertes y destrozos en partes de ese país.





      La detallada monitorización de la NOAA nos permite ver que de las zonas vigiladas es la 1+2 junto a la costa del Perú donde la temperatura del agua de mar esté entre 2 y 3 grados por encima de lo normal. Lo normal en esa zona es el afloramiento de agua fría de las profundidades favorecido por la corriente de Humboldt, asociada al correspondiente anticiclón subtropical.






Y la previsión de los modelos no es absolutamente determinista pero apunta a la posibilidad de un rebrote de El Niño para el próximo otoño:



       La causa meteorológica de ese "afloramiento" cálido, tal vez coyuntural, es el debilitamiento del anticiclón que ronda la costa de Sudámerica y cuya rama oriental empuja la corriente de Humboldt y hace emerger agua fría de las profundidades. La situación meteorológica promedio en enero y febrero es la siguiente:
 
 
 
    Pero los pasados meses de enero y de febrero las presiones medias han sido inferiores a lo normal en el anticiclón (A) y superiores a los normal en (B), la baja asociado a la circulación de Walker propia de la zona ecuatorial pacífica. En consecuencia el flujo desde la alta a la baja se debilita, calentándose la superficie marina.
 
 
 
 
     No obstante durante la primera mitad de este mes de marzo el núcleo del anticiclón parece fortalecerse, aumentando la presión, mientras se mantiene baja en la costa de Perú, tal vez por la influencia del mar todavía caliente. Si se mantuviera esta situación tal vez se revertiría ese afloramiento.  
 
 
 
     Consiguientemente tiende a reestablecerse un flujo de los vientos más habitual que a la larga dejara al fenómeno en una situación neutra, pero eso está por ver.
 
FUENTES


viernes, 3 de marzo de 2017

¿POR QUÉ AUMENTA O DISMINUYE EL HIELO EN LA ANTÁRTIDA?



Las variaciones de la extensión de hielo marino están mas relacionadas con el viento que con la temperatura


    Después de alcanzar valores muy altos en años anteriores, la extensión del hielo antártico ha sufrido en los dos últimos años una importante disminución como se ve en la figura que representa los meses de febrero hasta el más reciente. En cualquier caso la tendencia a largo plazo es a la de un aumento, en contraste con lo que ocurre en el ártico y, desde luego, inexplicado por los presentes conocimientos climáticos y en contradicción con los resultados de los modelos. Los datos existen tan solo desde que se miden por satélite, en 1979.
 
 













    Y su posición relativa con respecto a años anteriores se ubica en la zona baja de los registros:



     Lo que se mide como extensión de mar helado es una convención que supone considerar áreas superiores al 15% cubiertas por hielo. La elección de un valor tan bajo es incomprensible para mi, más teniendo en cuenta que la acción de las corrientes atmosféricas y marinas que lo empujan y acumulan un tanto aleatoriamente hace que los valores sufran mucha variabilidad. En cualquier caso lo que tenemos ahora es una importante ausencia de hielo en el llamado Mar de Amundsen, mientras que anomalías de la concentración de hielo (variable distinta a la extensión) en otras zona es positiva y su extensión normal:





     Tanto en las anomalías negativas (de la extensión) como en las positivas (de la concentración) parece haber una influencia debida a la temperatura. Los colores cálidos de la composición invernal de las anomalías de temperatura (reanálisis NCEP) indican valores positivos y las azules negativas.



    Pero es mayor la influencia de los vientos dominantes. En el reanálisis NCEP de este invierno se ve que han predominando anomalías de viento que han favorecido la dispersión y fusión del hielo marino en esa zona del océano antártico. No obstante, los mares antárticos son menos susceptibles a las acciones de las corrientes atmosféricas y marinas que los del Ártico.
 
     



      La enorme variabilidad de las mediciones de extensión de hielo marino favorecidas por la precariedad de la variable registrada (lo que decía antes del 15%) hace que se convierta en un tema de fácil utilización mediática  por el alarmismo climático.
 

FUENTES
https://seaice.uni-bremen.de/sea-ice-concentration/time-series/
http://nsidc.org/data/seaice_index/
https://www.ncdc.noaa.gov/sotc/global-snow/201210

lunes, 20 de febrero de 2017

ESPERANDO EL FIN DE LA NIEVE



Los augurios de inviernos sin nieve en el hemisferio norte no parecen cumplirse

     Estos últimos días parece que la heladora masa de aire que ronda las latitudes boreales se ha recogido un tanto, centrándose en la cuenca ártica. No obstante, la situación que ha predominado este invierno (y el anterior) es la de un vórtice polar que hacía grandes incursiones en latitudes más bajas, circunstancia poco favorable al crecimiento tanto de la extensión como del espesor de hielo marino.



     Un meandro polar mucho más extendido y repartido en latitudes más bajas durante estos últimos años, cosa difícilmente relacionable con el cambio climático, es la razón principal de que se haya formado menos hielo en el ártico. Lo contrario también es cierto. En cualquier caso estos días las temperaturas entre los 80ºN y el polo norte alcanza valores normales con el vórtice centrado en torno al polo norte rondan los 
-28ºC. (Danish Meteorological Institute)


     Esta tendencia a un meandro o vórtice extendido que ha favorecido una disminución de la extensión del mar helado en el hemisferio norte, por contra, favorece en invierno y otoño una tendencia al aumento de la extensión de nieve continental. Por ejemplo, en los inviernos del hemisferio norte:




     La razón es que el Ártico es un mar casi rodeado de continentes. Si la masa fría contenida en sus límites se mueve, lo hará hacia los mismos, con lo que el aumento de tierra cubierta por nieve se da por descontado. La estación del año en la que más se nota esta circunstancia es el otoño y desde que hay  observación por satélite en ella se ha registrado el mayor aumento de esa superficie:





     Contrariamente, menos hielo en el ártico supone un verano y primavera menos fríos por efecto de la realimentación negativa, por lo que durante la primavera de estos últimos 50 años ha habido una significativa disminución de la superficie nevada. Por supuesto es la siguiente gráfica la única que es aireada por los medios de comunicación, igual que la extensión de mar helada más difundida es la del Ártico y no la del Ántártico. En cualquier caso, cuidado con las escalas: la de ordenadas está en millones de Km2 y no empieza en 0.




    En cualquier caso, el balance anual no parece tener ningún carácter catastrófico, y parece tener más que ver con la sucesión de determinados ciclos que de una auténtica tendencia a la disminución. Estos últimos años parece moverse en torno a la media normal.
 
 



    Y por cierto que este año se está acumulando una gran cantidad de nieve en Groenlandia, nieve que acabará en gran medida transformada en hielo que alimentará su enorme masa glaciar. Nada que ver con ningún deshielo:




 
 



FUENTES
http://ocean.dmi.dk/english/index.php
http://climate.rutgers.edu/snowcover/chart_seasonal.php?ui_set=nhland&ui_season=1
 

viernes, 10 de febrero de 2017

INVIERNO NO TAN ATÍPICO


La persistencia en invierno de altas presiones en centroeuropa y bajas en el Mediterráneo entra en la categoría de lo normal


     Después de supuestos records "históricos" de temperaturas, parece sorprendernos la presente meteorología invernal, con nevadas en zonas donde el fenómeno no es precisamente habitual, precipitaciones abundantes en el Mediterráneo y escasas en zonas del norte. En realidad es la vuelta, aunque nunca se fue del todo en realidad, de un patrón de circulación atmosférica propia de ciclos fríos de otros tiempos. Las consecuencias para la Humanidad de las rachas frías, como demuestran la Historia (con mayúscula) son bastante más negativas que las cálidas. Para muestra, la crisis de la lechuga iceberg, objeto de especulaciones (y de especulación según los ingleses).






    En cualquier caso, basta ver los mapas resúmenes de AEMET para distinguir el enorme contraste entre lasa precipitaciones abundantes en el área mediterránea en diciembre y enero, y las carencias en el resto:



     Acompañado de temperaturas por debajo de lo normal en enero, debido a las mínimas básicamente. En pleno invierno la escasa nubosidad favorece las heladas:



     Esta situación se explica meteorológicamente con la persistencia de un bloqueo anticiclónico (altas presiones que impiden la normal circulación de las latitudes altas) sobre el norte de Europa, que viene siempre acompañado de presiones inferiores a lo normal en el Mediterráneo, de ahí las precipitaciones. Es decir el curso más al sur de las borrascas es más frecuente. (Desde el 1 de enero hasta el 7 de febrero)





Y su reflejo en las anomalías negativas (salvo Escandinavia) en casi toda Europa desde el 1 de enero:

 

     Por cierto, esta situación tripolar con dos zonas frías en Europa y Norteamérica, y una muy cálida en el entorno del casquete polar favorece una inferior formación de hielo en el Ártico, nada que ver con el famoso "calentamiento global": 





     Esta situación se mantendrá durante los próximos días, como se ve en el mapa previsto del Centro Europeo para el día 13,  con un potente centro de altas presiones de 1040 hpa al norte de Europa, y bajas presiones dejando lluvias en nuestro país:


    Este tipo de situaciones de bloqueo era más frecuentes en décadas anteriores, aunque no se ha podido demostrar que estos cambios de circulación tengan relación con el calentamiento global. Hay hipótesis sobre su posible relación con las temperaturas del agua superficial en el Atlántico, la famosa Atlantic Multidecadal Oscilation. También hay estudios como el de Woolings et al., 2010, que relacionan la mayor frecuencia de bloqueos con mínimos de la actividad solar.






En conclusión, el hecho de que nos acerquemos a un mínimo solar puede ser una causa de fríos inviernos en Europa, como ha ocurrido en éste, más cuando el ciclo en sí está siendo el más débil en muchos años.