Se mantienen la tendencias de este siglo, de marzos lluviosos y relativamente fríos. La capacidad de los embalses alcanzarán un máximo histórico, muy probablemente
El pasado año 2025 sufrimos, o disfrutamos, un mes de marzo extraordinariamente lluvioso, con dos veces y media las cantidades normales de precipitación. Curiosamente el noroeste y el Cantábrico quedaron al margen de esa circunstancia, lo que nos indica un paso de borrascas con centro al sur de la Península. Esto va en contra de las predicciones habituales de cambio climático, digan lo que digan.
Esto pasó tras un invierno seco que transcurrió con un chorro estratosférico muy fuerte de media, tras el que se produjo en marzo una súbita desaceleración, que impulsó un cambio de patrones meteorológicos que seguramente desviaron la circulación más al sur. Aunque en estos momentos se ha producido una cierta desaceleración también, no alcanza ni mucho menos los valores del año pasado. Como ya comenté, la velocidad de este chorro este año habrá sido afectado por la situación positiva de la QBO (Oscilación Quasibienal), desacelerándole.

Fue el tercer mes de marzo más húmedo desde que AEMET calcula el total (1961). Los dos mayores son de 2018 y 2013. Claramente los marzos del siglo XXI están siendo más húmedos que los últimos 25 años del XX. Hay que ir a los lluviosos años sesenta para encontrar valores parecidos. No deja de ser curiosa la evolución.
En cuanto a la evolución de la temperatura de marzo, con todas las reservas conocidas acerca de la calidad de los datos, es reconocible una relación con el patrón meteorológico general. Ya que comienza a aumentar la radiación solar, cuando la hay, los años lluviosos suelen estar relacionados con los años fríos. Los más cálidos son los años 80 y 90 coincidentes con los más secos y soleados:







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