Translate

Mostrando entradas con la etiqueta Calentamiento antropogénico. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calentamiento antropogénico. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2020

BURGOS ALCANZARÁ ALGÚN VERANO LOS 40º PERO NO SERÁ POR EL CAMBIO CLIMÁTICO



Verano tras verano se irán sucediendo los récords de temperatura en España pero se pueden atribuir en gran medida a los cambios de ubicación y en los métodos de observación



Hace unos días el observatorio oficial del aeropuerto de Burgos/Villafría alcanzó los 38ºC que es la máxima registrada en un mes de julio desde que observaciones allí (1943). Igualmente se suceden todos los veranos la retahíla de récords en estaciones, sobre todo las secundarias, que se atribuyen sin ninguna duda al calentamiento global antropogénico. Ya he comentado en dos anteriores artículos la problemática, nada obvia, de hacer una medida realmente científica de la temperatura del aire con precisión de una décima de grado. Queda claro en esos artículos cual es la naturaleza del problema.


Como es un observatorio que conozco muy bien, he seguido sus vicisitudes a lo largo de muchos años y me parece de interés analizar su caso y abstraer conclusiones con respecto a otras muchas estaciones de la red. Observando las temperaturas por encima de los 37,5º que se han registrado desde 1943, lo primero que llama la atención es la sucesión de períodos cálidos, años 40, fríos, 50 a 70, y el reciente período de veranos cálidos que comienza en los ochenta. Hasta el año 2003 la temperatura máxima de Villafría no pasó de 38ºC (1987), siendo en años del siglo XXI cuando parece que se alcanza valores que comienzan a acercarse a los 40ºC (38,8ºC), aún no siendo aún espectacular.


En estos casi 80 años el Observatorio (base aérea y ahora aeropuerto) ha sufrido cambios en su ubicación, aunque esta razón tal vez se la que menos peso tenga en los cambios de las observaciones. Hasta el comienzo del siglo XXI estuvo situado a 1 kilómetro de la actual ubicación tal como se muestra en la imagen de Googleearth. Es posible que hoy por hoy esté rodeado de superficies más proclives a sufrir un calentamiento mayor que la antigua, que estaba en las cercanías de un bosquecillo.




Pero los problemas habituales para medir con coherencia la temperatura del aire no son sólo los de la isla térmica urbana o los cambios de localización que, desde luego, pueden introducir un sesgo importante, sino en los cambios de instrumentación y abrigo meteorológicos.  Las primeras fotos corresponden a las actuales garitas (de tipo Stevenson) que han ido sustituyendo a las anteriores de mayor tamaño que eran utilizadas oficialmente, y en concreto a la izquierda los alrededores y a la derecha un detalle de las instaladas en Burgos.



En un experimento realizado en Calamocha con garitas de ambos tamaños se estudió cual podía ser las diferencias medidas por ambas garitas. También hay que tener en cuenta que los antiguos termómetros de vidrio de máxima y mínima se han sustituido por sensores de resistencia. Estos sensores son de rápida respuesta en comparación con los de vidrio por lo que tienden a marcar máximas más altas (sobre todo en los meses cálidos) en unas cuantas décimas y mínimas más bajas. Las medias anuales se compensan pero los récords tienden a ser más habituales. Abajo se ve un detalle del experimento.




En el trabajo presentado en el International Journal of Climatology de 2015 Impact of two different size Stevenson screens on air temperature measured de Buisan et al. se pudo comprobar de forma precisa la naturaleza del sesgo de las actuales garitas. Calamocha desde luego no es el observatorio más cálido de España por lo que cabe sospechar que en los climas mas calurosos del sur de España, especialmente en verano, los sesgos pueden ser espectaculares. En este caso se llegó a detectar un sesgo en la máxima de verano (julio) de hasta 1,7ºC

Sin entrar hoy en la incidencia que tiene este asunto en la medición de las temperaturas medias, queda claro que sumando los efectos de garita de medio tamaño y de sensores de resistencia, que se utilizan desde los años 90, el récord de temperatura del Observatorio de Burgos/Villafría podría alcanzar los 40ºC sin necesidad de la ayuda del calentamiento global. Resultados parecidos o incluso más llamativos se pueden extrapolar a casi toda la red de observación.


viernes, 10 de mayo de 2019

LA INFLUENCIA DE EL NIÑO EN LAS TEMPERATURAS MUNDIALES ES CONOCIDO HACE AÑOS

La mayor frecuencia e intensidad de los eventos cálidos El Niño tienen una influencia directa en la evolución de las temperaturas globales atmosféricas

Científicos australianos han desarrollado un nuevo método usando núcleos de coral para generar un registro estacional de 400 años de episodios de El Niño. Los resultados se han publicado en la revista NatureGeoscience, detectándose diferentes patrones del fenómeno y reflejando su diferente intensidad con el tiempo. Esto es de gran interés no solo para el conocimiento del fenómeno en sí, sino también para intentar deducir los efectos de un eventual calentamiento global en el mismo. Como se sabe El Niño es la fuente mayor de variabilidad climática del planeta aparte de los cambios de estación.

Sus conclusiones son las siguiente: las recientes décadas han visto un incremento claro del número de El Niño en el Pacífico Central y un aumento de su intensidad en el Pacífico Oriental. Para los legos en la materia aclarar que la surgencia de aguas cálidas vinculadas al evento se produce en la inmensidad del Pacífico Ecuatorial y que su influencia en las corrientes atmosféricas afecta prácticamente a todo el planeta.

A resultados parecidos se habían llegado estudiando comparativamente los anillos de los árboles (Jing Bao et al, 2013), como se ve en la figura.




O como Gergis et al, 2007, que demostraron con datos paleoclimáticos la mayor frecuencia e intensidad de fenómenos cálidos de El Niño durante el siglo XX, en comparación con los siglos anteriores (Pequeña Edad de Hielos) en los que el balance era más equilibrado entre eventos fríos y cálidos.




Por otra parte es conocido hace ya años el efecto directo que tiene en el aumento o disminución de las temperaturas globales en función de que se produzca su manifestación cálida (El Niño) o fría (La Niña). No obstante este hecho se tiende a obviar para amplificar el alarmismo climático cuando se produce el primer caso. La relación causaL es inmediata: una mayor frecuencia e intensidad de episodios cálidos incide en un aumento de la temperatura del planeta. La relación inversa está por demostrar. 

He representado en una gráfica la evolución mensual desde 2010 de los valores estandarizados de anomalías de temperatura de la baja atmósfera global y del índice El Niño 3,4 (temperatura del agua del mar en el Pacífico Ecuatorial). He corrido hacia adelante la primera tres meses que es cuando alcanza la máxima correlación con la segunda: 0,61. Aunque ésta no es perfecta se ve claramente que con tres meses de retraso la temperatura de la baja atmósfera se acopla a dicho fenómeno.



Lo inmediato es invertir el razonamiento y pensar que la mayor frecuencia e intensidad de El Niño es inducido por el aumento global de temperaturas. El último informe del IPCC afirma (Informe Grupo I, 14.4.2) que hay poco consenso en cuanto a si la modulación decadal de la amplitud y la distribución espacial en las recientes décadas son debidas a efectos antropogénicos o variabilidad natural. De lo que se puede inferir que buena parte del calentamiento global del último medio siglo es debido simplemente a la mayor frecuencia e intensidad de éste fenómeno.

Volviendo al presente, estamos en plena fase de un El Niño débil que, si las predicciones no se equivocan, debería mantenerse durante los próximos meses. Esta situación dejará las temperaturas globales por encima de lo normal. No obstante, como se ve en la figuras de abajo tanto las anomalías como el contenido de energía calorífica de los primeros cientos de metros del Pacífico Ecuatorial parecen tender a disminuir claramente durante las última semanas.