Los patrones meteorológicos para final de enero parecen conducir a acumulados importantes en los próximos días
Los mapas previstos del Centro Europeo para la precipitación acumulada de los próximos 10 días (en tonos rojizos y ocres) señalan claramente la dirección e intensidad de los patrones meteorológicos que fomentan la lluvia. Dejan una huella zonal de oeste a este a lo largo del Atlántico en las latitudes paralelas a las de la Península Ibérica. Señalan la línea persistente de inestabilidades asociadas a los frentes encadenados que se sucederán y que a nuestro país afectarán básicamente a las cuencas de los ríos que desembocan en el Atlántico.
Una visión mas cercana nos permite pronosticar importantes acumulados: más de 100 mm de largo en Galicia, donde puede llegar a casi los 300 en las rías bajas; también más de 100 en muchas zonas de montaña y sus proximidades; y entre 50 y 100 en las demás zonas atlánticas.
Estas situaciones de frentes encadenados en nuestras latitudes, donde predominan muchas veces los anticiclones, están asociados en los meses invernales a los índices de la NAO (North Atlantic Oscillation) y la AO (Arctic Oscillation). Como se ve, durante todo el mes de enero ha predominado un índice de la AO negativo, profundizándose para la próxima quincena.
El patrón de la Oscilación Ártica está relacionado con la diferencia de presión entre la zona ártica del Polo Norte y las latitudes medias del Pacífico y Atlántico. En este caso, la OA negativa supone que las presiones son altas en el Ártico, compensándose con presiones bajas en las latitudes medias.
Como se espera el martes 26: Unas altísimas presiones en superficie que se espera que superen los 1065 hpa. Esta situación favorece las lluvias persistentes en latitudes medias y el enfriamiento de la zona ártica por irradiación.
Y ¿Cuál ha sido la evolución en las últimas décadas de la Oscilación Ártica durante el invierno?
Como vemos abajo, hasta mediados de los años 80 predominaron (enero, febrero y marzo) situaciones de OA negativa. Se relaciona con las lluvias frecuentes de finales de los 50 y principios de los 60 en España. También las situaciones muy positivas de los años 90 y de los últimos 10 años se pueden relacionar con la pérdida de hielo en el Ártico.







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