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viernes, 23 de febrero de 2024

LA TEMPERATURA DE LA ANTÁRTIDA DISMINUYE DESDE HACE MILENIOS

 Un nuevo estudio Nature desvela su curso modulado por la insolación máxima y los ciclos de Milankovich


"Seasonal temperatures in West Antarctica during the Holocene"

Jones, T.R., Cuffey, K.M., Roberts, W.H.G. et al. Seasonal temperatures in West Antarctica during the Holocene. Nature 613, 292–297 (2023). https://doi.org/10.1038/s41586-022-05411-8

https://www.nature.com/articles/s41586-022-05411-8

La recuperación de los paleoregistros del clima a largo plazo (como son los testigos de hielo de las zonas heladas) con resolución estacional es poco frecuente, a causa de la dificultad creada por la propia naturaleza de los distintos sedimentos de hielo y por la pequeña resolución de las medidas. El forzamiento de la insolación, agente principal del cambio climático a escala de milenios actúa a través de variaciones estacionale con impactos directos en el clima estacional. Estaba por ver si la sensibilidad del clima estacional a la insolación se corresponde con las predicciones teóricas. 

El núcleo de hielo “WAIS Divide” (WDC abajo) se extrajo en un lugar del centro de la Antártida Occidental, a 1040 km del Polo Sur y donde el hielo tiene un espesor superior a los 3.460 metros.




 En este estudio se analiza un registro continuo de proporciones de isótopos de agua en el manto de hielo de la Antártida Occidental para desvelar los cambios de temperatura de verano e inviernos durante los últimos 11000 años. Las temperaturas de verano en esa zona aumentaron a lo largo del comienzo y medio Holoceno, alcanzando un pico hace 4100 años y, luego, disminuyendo hasta el presente. 

Las simulaciones de los modelos climáticos muestran que estas variaciones reflejan  cambios en la insolación máxima del verano, confirmando las conexiones entre la insolación estacional y el calentamiento, y demostrando la importancia de la intensidad de  insolación mas que la insolación a lo largo de la estación o que la duración de la estación. Las temperaturas de invierno variaron menos. Las magnitudes de los cambios de temperatura de verano e invierno hicieron descender el espesor del manto de hielo a menos de 162 metros y probablemente menos que 58 metros.

Milankovitch postuló que variaciones en la órbita y del eje de la Tierra era culpables de los cambios climáticos a largo plazo (decenas de miles de años). Controlando las temperaturas de verano y la fusión del hielo, la insolación de verano se cree que genera los cambios de del volumen de hielo global en los períodos glaciales e interglaciales. Aunque los estudios de modelización apoyan esta idea, la evidencia empírica deriva casi enteramente de la reconstrucción de la temperatura media anual o de efectos indirectos. 

La ausencia de reconstrucciones de temperaturas estacionales ha impedido el conocimiento directo del forzamiento de la insolación, una relación que puede variar geográficamente. No estaba claro que si los efectos de la insolación de verano eran debidos en primer lugar a su intensidad máxima, a su intensidad media o a su duración por encima de un umbral. Este estudio lo hace.

Las temperaturas de verano aumentaron desde el comienzo hasta el Holoceno medio, hasta un máximo entre hace 5 mil años y 1500, luego decrecieron hasta el presente con una amplitud de cerca de 2ºC.





Análisis previos con modelos simplificados identificaron la duración del verano en el Hemisferio Sur como la causa clave del clima ántártico a largo plazo. Algunos hallazgos paleoclimáticos parecían validar esa afirmación. Pero los resultados de este estudio demuestran un papel dominante para la insolación máxima anual para determinar el clima de verano de la Antártida Occidental durante el Holoceno, sin darle un gran papel a la insolación media o a la duración.

jueves, 4 de enero de 2024

VAIVENES DEL HIELO ANTÁRTICO

 La razón de la temporal disminución de hielo marino antártico es la persistencia de determinados patrones de circulación 


Se le ha dado mucha relevancia el año pasado a las importantes anomalías en la extensión de hielo marino en la Antártida durante los meses más fríos del Hemisferio Sur. Es más llamativo y paradójico cuanto estos mínimos en más de cuarenta años se producen unos pocos años después de que se alcanzasen los máximos de la serie (2015), lo que lleva a debatir las razones de este evento que no deben ser tan simples como atribuirlas al puro calentamiento global. 

https://zacklabe.com/antarctic-sea-ice-extentconcentration/


Lo primero que hay que destacar es que la disminución se produjo sobre todo en los mares de Ross, Weddell y la costa que mira al Índico, mientras que en los mares de Bellingshausen y Amundsen se mantuvo en valores superiores a lo normal:



Como se ve en el registro de anomalías de hielo antártico desde 1979, hay una clara tendencia al alza hasta el 2015, con posterior descenso por debajo de la media hasta los mínimos del pasado año:




Con el reanálisis de la NOAA, NCEP/NCAR, se puede observar que, en los meses de mayor disminución, julio y agosto, hubo importantes anomalías de presión en superficie: positivas al norte de los mares de Ross y Amundsen, y negativas en las costas que miran a Australia:

Esta situación sinóptica persistente presupone una deformación de la circulación de oestes de esas latitudes, generando movimiento meridianos (norte/sur y sur/norte). Como se ve abajo en las anomalías de viento de esos dos meses, es fácil deducir que el empuje del viento contra las costas del Mar de Ross hizo disminuir drásticamente la extensión de hielo en el mismo; de forma más débil ocurrió lo mismo en el Mar de Wedell. Exactamente lo contrario ocurrió en los mares de Bellingshausen y Amundsen donde la componente de sur a norte extendió el hielo en esa dirección. 

En conclusión, parece evidente que la mayor parte de los eventos que suponen las llamadas "anomalías" climáticas son debidas a situaciones de cambio o persistencia de patrones meteorológicos que, en principio, no se pueden atribuir más que a la propia variabilidad meteorológica.


sábado, 24 de junio de 2017

LA ANTÁRTIDA NO SE DESHIELA

Pese a lo que diga National Geographic el fin del Mundo no será mañana: la Antártida seguirá congelada


  La antaño prestigiosa revista geográfica (en su versión en español) se desata y anuncia el fin de mundo:
“El inminente desprendimiento de un titánico bloque de hielo en la Antártida de unos 5.000 kilómetros cuadrados en la plataforma de hielo de Larsen C, está a punto de cambiar para siempre el mapa del hemisferio sur. Lo diremos sin rodeos. A vista de pájaro la plataforma de hielo de Pine Island, en la Antártida, es un tren que se dirige hacia la ruina a cámara lenta. Por supuesto desde una perspectiva humana. En tiempo geológico todo está sucediendo en un abrir y cerrar de ojos”.






    Hace ya 30 años que el soniquete del deshielo de la Antártida Occidental no para de sonar en los conventículos progres. Se hacia mucho hincapié en la Península Antártica, donde esa plataforma de hielo se posa, conocido como Larsen. En National Geographic se extrapola y lo que no es más que un fenómeno natural se convierte en el precursor de una catástrofe. Se anuncia nada menos que una catastrófica subida del nivel del mar de 3 metros, lo inundaría buena parte de las ciudades del mundo y desde luego nosotros nos quedaríamos sin turismo entre otras muchas cosas.

    También afirman que las aguas del mar de Amundsen se han calentado más de 0,5ºC y que las predicciones para el mar de Weddell (no dicen para cuando) son de +5ºC. El iceberg previsto será de unos 5.000 km cuadrados. ¿Algo insólito? No. El mismo artículo afirma al final:

   En realidad se deja entrever en el artículo que la opinión de los científicos reales es que pese a aparentar ser un síntoma infalible del calentamiento el evento no es significativo “ya que en este periodo hemos sido testigos de glaciares de mayor envergadura”.

    Las  barreras de hielo no son exclusivamente hielo continental o mar congelado si no plataformas de hielo ancladas a la costa, un fenómeno específico de la Antártida debido a sus bajas temperaturas. Ya durante este siglo algunas partes se han desprendido, fenómeno natural que se pretende asociar al calentamiento global y a la subida de temperaturas que allí se ha producido hasta el año 2000. 
  Pero veamos lo que dice la realidad. Primero situémonos geográficamente. La plataforma Larssen está en un costado de la península antártica, la única protuberancia costera importante del masivo continente helado.



   Se supone, y así lo afirman los teóricos del IPCC, que la temperatura de los observatorios allí instaladas sean buena referencia para monitorizar la evolución de la criosfera en el entorno de la Antártida. Y digo entorno porque ya en el interior continental las temperaturas son tan extremadamente bajas que la elevación de un par de grados de temperatura no afectaría a su naturaleza helada. En  el archivo de la NASA está recogidas todas las estaciones de la península antártica y se pueden consultar.





    He repartido los observatorios en parejas y sirvan como muestra mayoritaria de la evolución de las temperaturas en la zona, sobre todo teniendo en cuenta que no cabe "contaminación" por efecto del calentamiento urbano significativo, aunque no necesariamente están exentas de defectos de localización, instrumentación, etc... Las estaciones son Marsh, Bellinghause, Jubany, Arturo P, Marambio, Bernardo 
O´Higgins, Great Wall y Butler Island. 

   La escalas temporales no son muy visibles pero oscila el origen desde los años setenta hasta los noventa.  Como es habitual en este tipo de registros a nivel mundial los años setenta destacan por los fríos seguidos posteriormente de un ascenso. 

   En el caso de la península antártica, desde aproximadamente el comienzo  de siglo hay una tendencia posterior a la disminución que está ya documentada y que es fácilmente observable en las gráficas. Otra excepción es la del año 2016 en el que por efecto de El Niño y su influencia en los cambios de circulación de la zona se ha producido un aumento puntual.

Esta circunstancia está recogida en un reciente estudio de la revista Geophysical Research Letters
y ya apuntaba yo en este blog en marzo pasado:




En cuanto a las temperaturas del mar circundante tampoco ayuda a alimentar la hipótesis de un deshielo catastrófico de la Antártida, más bien lo contrario. Las anomalías de temperaturas del mapa de la NOAA están referenciadas a los años ochenta del pasado siglo.




   En cuanto a las temperaturas medidas desde satélite por los dos sistemas UAH y RSS desde 1979 tampoco apuntan a ningún calentamiento. No obstante, de producirse el previsible desprendimiento de icebergs en la Antártida el fenómeno será amplificado en los medios como algo tan extraño como el calor veraniego del sur peninsular. 






FUENTES
De Alexrk2 - Trabajo propioData from http://nsidc.org/data/moa/ - Haran, T., J. Bohlander, T. Scambos, and M. Fahnestock compilers. 2005. 

https://www.ncdc.noaa.gov/temp-and-precip/msu/time-series/antarctic/lt/dec/ann

http://www.nationalgeographic.com.es/naturaleza/actualidad/antartida-divide-icebergs-gigantes-principio-del-fin_11630
http://www.ospo.noaa.gov/Products/ocean/sst/anomaly/


sábado, 2 de abril de 2016

¿REALMENTE SE DESHIELA LA ANTÁRTIDA?



Sin novedad en el cambio climático antártico excepto por los sombríos presagios de los modelistas climáticos



     Hace tres años el grupo liderado por la danesa Dorthe Dahl-Jensen perforó el hielo de Groenlandia hasta su base, para obtener el registro más fiable de datos que implican al más cálido de los períodos climáticos en el reciente registro geológico, conocido como Eemiense. Encontró que durante 6.000 mil años (hace entre 122.000 y 128.000 años) la temperatura de verano en el noroeste de Groenlandia era 6ºC superior al promedio del siglo XX. El hombre moderno apenas comenzaba sus primeros balbuceos en África y el Neandertal ocupaba Europa. En cualquier caso sus actividades, diríamos hoy, eran plenamente "sostenibles".

     En esos seis mil años se estima que Groenlandia perdió un 30% del hielo. El calor necesario para eso es 20 veces superior al que los humanos podrían provocar con los gases de invernadero en 500 años. La conclusión es que un deshielo alarmante de Groenlandia no parece estar al caer. 
     En ese período interglaciar se sabe que el nivel del mar estaba unos 7 metros por encima del actual, pero sólo un tercio se estima que era debido a Groenlandia y el resto al hielo antártico. Es difícil de explicar porque unos pocos grados de subida de temperatura en la Antártida, donde la media es de decenas de grado bajo cero, pudiera generar un deshielo significativo. 
     Ahora, unos investigadores, Robert DeConto (Universidad de Massachusetts) y David Pollard (Penn State) han trabajado con modelos climáticos, y su simulación ha adelantado el deshielo de la Antártida de forma que debería subir el nivel del mar a un ritmo de más de 3 metros cada siglo, y lo que se esperaba para el siglo 50 se adelantará al 22.







     En realidad un modelo climático es una especie de PlayStation del clima y simula lo que tu quieres que simule. En este caso el truco parece que consiste en introducir dentro del mismo modelos de dinámica de hielo, incluyendo uno que tomaba la lluvia caída (nunca llueve agua líquida en la Antártida hoy por hoy) y se filtra dentro de los enormes glaciares del continente generando enormes grietas que despedazan los glaciares y los lanzan al mar.

     Pero ¿realmente se está produciendo un calentamiento significativos en la Antártida? Los datos más fiables tomados por los satélites pero sólo desde 1979 no señalan ninguna tendencia y sí la recurrente variabilidad:




Tampoco parece ayudar la temperatura del cercano mar que sufre en estos momentos temperaturas por debajo de la media:






También el área (más del 30%) de hielo marino, trás un ajuste a la baja producida tal vez por El Niño, vuelve a estar por encima de la media como en recientes años:




Un repaso a los datos de GISS/NASA, un tanto escasos, dispersos y con series cortas, nos muestra un escenario variopinto y que encaja poco con un supuestamente continuo y obstinado ascenso de temperaturas. Buscando en las series más largas (finales de los años 50 del siglo XX), encontramos ejemplos como la estación de Byrd, en la parte oeste de la Antártida, que muestra un ascenso continuado:





Al contrario, Halley muestra un continuado descenso:





    Pero la estación más significativa con relativamente serie larga es la famosa Amundsen-Scott (aquí hubo premio para el segundo clasificado) situada exactamente en el Polo sur, y en la que tras un adecuado tuneo (leáse homogenización) el descenso de los datos puros (derecha) se transforma en ascenso (izquierda):




     En cualquier caso los datos observados de momente no parecen auspiciar ningún cambio catastrófico en la Antártida, como vaticina el alarmismo climático.


REFERENCIAS