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miércoles, 25 de septiembre de 2013

¿Afecta la actividad solar a la circulación general atmosférica?

Parece haber una relación entre la actividad solar y los patrones meteorológicos

     De entre todos los factores naturales que entran en juego para explicar la variabilidad climática, el Sol y la oscilación de su actividad es lo que ha llamado más la atención de todos los científicos que intentan encajar debidamente todas las piezas del puzle climático. Es evidentemente imprescindible para poder distinguir, dentro de la teoría del cambio climático, cual es la parte correspondiente a la propia variabilidad natural del sistema climático y cuál es la debida, de haberla, a la influencia humana. Hasta que no se dilucide completamente este extremo no se podrá dar por cerrada y verificada esa teoría.
 

 
 

     La posible relación entre el ciclo solar de 11 años y el clima quedó puesto de relieve en los años setenta por el trabajo clásico de Eddy. Desde entonces, por cierto el comienzo de la era de los satélites, y hasta ahora, se ha buscado la conexión física que explique el aumento de la temperatura en el llamado óptimo climático medieval o la pequeña edad de hielo en época más moderna. Los satélites que ya han podido medir dos ciclos solares completos no han encontrado entre el máximo y el mínimo de esos ciclos más que una pequeña fracción algo superior al 0.1% de diferencia de emisión energética, insuficiente para demostrar una subida de temperatura significativa.
    También se ha pensado que si las variaciones de actividad solar afectan a la mayor o menor entrada en la atmósfera terrestre de la radiación cósmica, ésta podría a su vez favorecer la mayor o menor formación de nubes bajas que actuaran como un espejo reflectante que reenviara la energía solar al espacio.
     Ahora parece que se ha encontrado un vínculo entre las emisiones electromagnéticas del Sol y las variaciones de la circulación atmosférica. Sus autores:
Sarah Ineson, Adam A. Scaife, Jeff R. Knight, James C. Manners, Nick J. Dunstone, Lesley J. Gray and Joanna D. Haigh, Solar forcing of winter climate variability in the northern hemisphere, Nature Geoscience, published 9 October 2011, doi:10

Y su hallazgo principal es que la baja actividad solar puede contribuir a los frios inviernos en el Reino Unido, norte de Europa y partes de América del Norte.  Hasta ahora sólo se había establecido una débil conexión entre la actividad solar y el tiempo en invierno. Un Sol poco activo suponía mayor probabilidad de vientos del oeste más débiles en durante el invierno en el hemisferio norte. De entre todas las emisiones electromagnéticas participantes se despreciaba la correspondiente a la longitud de onda del Ultravioleta (UV) por ser energéticamente despreciable.
     La novedad ha venido a través de nuevas medidas de satélite. El experimento SORCE ha revelado que las diferencias en radiación UV durante el ciclo solar de 11 años es mayor de lo esperado, a no ser que haya errores de medida. Utilizando estos datos ya es posible reproducir los efectos de la variabilidad solar en los registros climáticos.
     El mecanismo meteorológico lo plantean los autores de la siguiente manera: en años de baja radiación UV, aire más frio se forma en la estratosfera tropical, a más de 50 km de altitud. Como los mecanismos atmosféricos son un juego de equilibrios, esto se compensa con un mayor flujo del Este sobre las latitudes medias, trayendo aire más frio a ciertas zonas como es el norte de Europa. En lo alto del ciclo solar ocurre lo contrario.
     En la figura siguiente se describe las variaciones generales de la actividad solar (a través del flujo de 10.7 cm) y su aparente clara correlación con las situaciones atmosféricas de bloqueo anticiclónico en latitudes medias altas que provocan inviernos frios en Europa y la oscilación NAO (North Atlantic Oscilation) que genera inviernos templados.
  
 
 
 
     Si los próximos años, después de atravesar el presente máximo solar que es el más bajo desde hace casi 100 años, se continuara con la tendencia a la baja actividad solar, se pondría en marcha un experimento en tiempo real de gran interés porque deberían sucederse inviernos fríos en las zonas citadas. Los autores recalcan que la energía entrante es la misma y que no debería afectar a la temperatura global. No obstante, es posible que cambios en la circulación atmosférica son capaces de hacer variar el balance de energía de la atmosfera terrestre. Por ejemplo si observamos la figura: (Fuente: G.A. Meehl, J.M. Arblaster, KK. Matthes, y H. van Loon, “Amplificando la respuesta del sistema climático del Pacífico a la pequeña influencia del ciclo solar de 11 años”, Science 325: 1114-1118)
 

 

 
 
 
 
     Se observa que las variaciones en la actividad solar son capaces de afectar a la llamada oscilación del Sur (ENSO, El Niño Southern Oscilation) que a su vez afectan a la temperatura global del planeta como está admitido. La anomalía negativa en la temperatura del agua de mar que se observa en la zona ecuatorial y la correspondiente positiva en otras zonas está asociada a un reforzamiento de los anticiclones subtropicales.
    En cualquier caso estos estudios parecen ser de gran interés para poder elaborar y mejorar las decepcionantes predicciones estacionales.

 
 
 

1 comentario:

  1. Buena,diáfana y esclarecedora primera entrada de blog,Alejandro.Siempre he leído que las bajas temperaturas durante la Pequeña Edad del Hielo pudieron haber estado relacionadas con un periodo en el que no se observaron apenas manchas sobre la superficie solar,entre otros factores,claro.Se sabía o intuía esto pero no se tenía idea del mecanismo por el cual esto era así.Gracias por la entrada!

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